loading

El mundo engañoso del metaverso


El empresario norteamericano Mark Zuckerberg piensa en grande y ahora quiere dominar el futuro de la realidad virtual o aumentada. Pero yo no quiero vivir en ese metaverso. Teniendo en cuenta el universo que nos propone la compañía “Meta” el nuevo nombre de Facebook que es la facilidad de trabajar, jugar, estudiar o ejercitarnos en mundos imaginarios.

El concepto del metaverso es deslumbrante: te pones un par de lentes o un casco y eso te transporta a oficinas, gimnasios, colegios o conciertos virtuales. Así de fácil. “Imagina que pudieras estar en la oficina sin tener que manejar”, dijo Zuckerberg el año pasado en un video anunciando el nuevo nombre y objetivo de la organización que creó hace 17 años.

Desde luego que el metaverso tiene su encanto. Pero me preocupa muchísimo que reemplace la búsqueda del contacto humano. La pandemia del coronavirus nos demostró dos cosas: una, la enorme necesidad que tenemos de ver y tocar a otros seres humanos; y dos, nuestra gran capacidad de adaptación y de sobrevivir solos, si es necesario.

Un mundo dominado por el metaverso sería como vivir encerrados en nuestras casas en un aislamiento permanente y evitando el contacto personal en las actividades más importantes de nuestras vidas. No le podemos dar la espalda al futuro. Pero me resisto a creer que ese universo virtual es lo mejor a lo que podemos aspirar. ¿Para qué reemplazar la realidad con una experiencia digital? El verdadero peligro es que esta tecnología creada para conectarnos termine separándose más.

Recuerdo que de niño la gran aventura de la imaginación era viajar en el tiempo a épocas remotas y a lugares desconocidos. Ese futuro está por llegar digitalmente y no acaba de gustarme. Existe, también, la amenaza de que alguien se meta virtualmente en tu vida, te robe tus correos electrónicos o se presente como alguien que no es. Pero no importa cuántos inconvenientes pudiera tener el metaverso, no hay nada que pueda detener una idea. El metaverso viene.

Antes de que Facebook pueda crear su metaverso, tiene que invertir un enorme capital en nuevas tecnologías y sobrevivir los intentos políticos de regular sus operaciones e, incluso, de romper a la corporación que tiene también Instagram y WhatsApp en partes más pequeñas.

Al final de cuentas, el futuro no puede detenerse. El metaverso será una realidad. No sé si en mi tiempo o en el de mis hijos. Pero no quisiera vivir en él. Tengo la sospecha de que me estaría perdiendo lo más importante: la vida misma

Columnista: Sebastián López Alzate

Tecnología

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *